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Mostrando las entradas de mayo, 2020

7 años de costumbre

Nunca le he contado esto a nadie pero cargo a cuestas un amor no  resuelto. Un amor silencioso y privado que ya no existe y que nadie  supo que existió. Un amor que no acabé yo, que no se me acabó. A ve- ces siento ganas de llorarla y no puedo. He tratado de hacerlo por otra  cosa, lo que sea: por una película, por una canción, por los dolores de  por ese video de YouTube en el que un novio pide matrimo- nio con una comparsa al ritmo de una canción de Bruno Mars, por la  foto de un gato muerto. Pero no sirve. No lloro.  No la lloro y presiento que es una mala señal, que las lágrimas se  acumularán vertiginosamente escondiéndose en alguna parte de mi cuerpo, tal vez en el codo o en el dedo pequeño del pie. Tal vez en la  mitad de un recuerdo o en la parte de arriba de la suma de todos mis  dolores. Quizás un día, cuando me golpee el codo con una puerta o  cuando mi dedo pequeño del pie se reviente contra la esquina de la  cama, lloraré como si no hubiera mañana.  Me tiraré al suelo a ll...